El conservador del museo del Louvre aparece muerto en extrañas
circunstancias. Junto a su cadáver ha aparecido un desconcertante mensaje
cifrado. Al profundizar en la investigación, el experto en simbología Robert
Langdon ve con asombro que las pistas conducen a las obras de Leonardo Da
Vinci…

Por empezar por lo positivo, lo único positivo, es el
protagonista Robert Langdon, un personaje muy interesante con grandes posibilidades
(no explotadas por el autor) que podrían convertir a este personaje más creíble
y un referente en este tipo de novelas. El problema es que lo positivo en esta
novela básicamente se termina aquí.
Lo que más me molesta de la novela, al igual que la primera
es que vende como ciertas cosas que no lo son en absoluto, regalándose hechos
que no han ocurrido pero que por casualidad le viene de perillas para su novela
y sus intenciones. Es lícito en ficción inventarte hechos y demás, pero cuando
te jactas de basar tú novela en hechos completamente verídicos, sean de la
naturaleza que sean, y se ven a la legua que no lo son, lo que estás haciendo
es engañar al lector deliberadamente para ganarlos a tu causa.
Pero a pesar de todo esto, soy consciente de que estoy ante
un best-seller y que se ha vendido como churros, ¿por qué? Mi intuición me
dicta que lo que ha vendido en esta ocasión es la polémica, y en esta ocasión
es una polémica con una institución presente en todo el planeta, la Iglesia
Católica. Parece que Dan Brown sabe escoger sus objetivos, una magnífica
estrategia de ventas. Otra razón que explique este hecho es difícilmente
comprensible para mí, ya que literariamente deja mucho que desear.
Advertencia: aléjense de este libro, hay mucho, muchísimo
donde elegir antes de tener que leer esto. Existen libros colocados en las
estanterías de librerías, bibliotecas y lugares virtuales que esconden
historias dignas de leer y disfrutar, démosles una oportunidad.